Un trabajo sobre las mujeres en la narrativa de Patrocinio de Biedma gana el Premio “Cronista Cazabán” del IEG

El Premio “Cronista Cazabán”, que convoca el Instituto de Estudios Giennenses (IEG) de la Diputación de Jaén y que en esta edición está dedicado a fomentar la investigación sobre la literatura de la provincia, ha recaído en un trabajo sobre las mujeres en la narrativa de la begijense Patrocinio de Biedma, realizado por la jiennense Mª Ángeles Perea Carpio. Asimismo,

el IEG también ha fallado el Premio de Investigación Agraria y Medio Ambiental, que ha sido obtenido por José Antonio La Cal, por un estudio dedicado a un nuevo modelo de gestión de los subproductos generados en la producción del aceite de oliva, basado en la tecnología de gasificación integrada en las almazaras.

La diputada de Cultura y Deportes, Antonia Olivares, que ha presidido el jurado de ambos certámenes ha destacado el alto nivel de los trabajos presentados, “que ha dificultado en gran medida la labor del jurado”. En este sentido Olivares hace hincapié en que estos premios “gozan de un gran prestigio, no solo en nuestra provincia, y contribuyen a aportar nueva información en sus respectivos ámbitos de investigación”.

En concreto, la investigación realizada por Mª Ángeles Perea Carpio, por la que ha obtenido los 3.500 euros de los que está dotado el “Cronista Cazaban”, recoge de forma pormenorizada la presencia de la mujer en la obra de la escritora Patrocinio de Biedma en la que describe la labor desarrollada por mujeres en actividades poco usuales a finales del siglo XIX, por ejemplo en el mundo de las artes o de las ciencias. Por su parte, el trabajo ganador del Premio de Investigación Agraria y Medioambiental, que está dotado de 3.500 euros, se centra en un nuevo modelo de gestión del aprovechamiento de los subproductos generados en la producción del aceite de oliva, alternativo al tradicional. En este caso, consistiría en la utilización de los restos de poda mediante una tecnología de gasificación ubicada en las propias almazaras, de manera que produciría dos tipos de fuentes de energía, una eléctrica que podría ser inyectada a la red o bien consumida por la almazara, y una térmica, resultante del calor residual generado, que se destinaría a secar el orujo o la hoja. De esta forma, el proyecto se orienta también a la optimización de los costes de producción de la almazara.

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